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Caos y desesperación en el oriente cubano: Damnificados protestan por abandono gubernamental

Por La Otra Cuba

Publicado el 2 de noviembre, 2025

Mientras el régimen celebra en la ONU, los cubanos enfrentan la catástrofe del huracán Melissa con escasez, ineficiencia y represión a la protesta social.

Mientras el régimen celebra en la ONU, los cubanos enfrentan la catástrofe del huracán Melissa con escasez, ineficiencia y represión a la protesta social.

El paso del huracán Melissa ha desatado una ola de protestas espontáneas en el oriente de Cuba, donde los damnificados claman por ayuda y denuncian el abandono institucional en plena emergencia. En medio de inundaciones, apagones y la pérdida total de bienes, la frustración ciudadana se dirige directamente contra las autoridades locales, exponiendo la ineficiencia del sistema.

“El bloqueo es adentro”: Hartazgo social y negligencia

En un video difundido en redes sociales, vecinos damnificados rodearon a una funcionaria en medio de gritos y gestos de desesperación, exigiendo atención inmediata. La protesta fue alimentada por graves ejemplos de negligencia, como el testimonio de una mujer a la que se le negó una ambulancia con petróleo para atender a su padre, cuya vida fue salvada únicamente gracias a la solidaridad de sus vecinos.

El descontento se expresó en una frase lapidaria que resume el sentimiento popular: “El bloqueo es adentro. Todo es mentira, dejen de mentirnos”. Esta declaración refleja el rechazo generalizado al discurso oficialista que sistemáticamente culpa al embargo de Estados Unidos por todas las carencias, un argumento que, para muchos cubanos, no explica la falta de comida, medicinas, electricidad y la negligencia administrativa.

El hartazgo es palpable. En Guantánamo, a pesar de que el gobernante Miguel Díaz-Canel intentó proyectar una imagen de control al afirmar que los daños en la provincia eran “menores” y que podría “recuperarse con fuerzas y recursos propios”, la realidad contrasta fuertemente. Residentes del reparto Ho Chi Minh, en la capital provincial, protagonizaron una protesta que fue disuelta por la Policía y la Seguridad del Estado, exigiendo la reposición de servicios básicos como agua y luz.

Inundaciones catastróficas y respuesta tarde

La situación se mantiene crítica en el municipio de Río Cauto, en Granma, donde el desbordamiento del río del mismo nombre, exacerbado por el vertimiento de presas, ha sumergido comunidades enteras. El caudal del río Cauto alcanzó los 4.000 metros cúbicos por segundo, forzando evacuaciones de emergencia a menudo tardías, lo que resultó en la destrucción de numerosos hogares.

Las autoridades han desplegado una operación de rescate con seis helicópteros, transportadores anfibios PTS y más de 150 efectivos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior (Minint). Sin embargo, los testimonios de los afectados apuntan a una respuesta tardía y descoordinada, que dejó a cientos de familias a merced del agua.

La pérdida total: Un “infierno” en Guamá

El periodista cubano Javier Díaz compartió un testimonio estremecedor desde Guamá, en Santiago de Cuba, donde la devastación es total. El huracán redujo casas a escombros y convirtió las pertenencias, que en Cuba a menudo se heredan por generaciones, en “montones de lodo”. El residente Juan González calificó la escena como “el infierno”, añadiendo que “el infierno ya lo vivían antes de esto”, en alusión a la precaria situación previa al desastre. La pérdida de sus pertenencias representa para estas familias no solo quedarse sin techo, sino perder su historia y la única seguridad que poseían.

Mientras los damnificados enfrentan este “infierno”, el régimen prioriza su narrativa internacional. La coincidencia de las protestas con la celebración gubernamental en la Asamblea General de la ONU por el respaldo a su resolución contra el embargo de EE. UU. ha profundizado la desconfianza. En las calles, los cubanos observan cómo el gobierno prioriza la “victoria diplomática” sobre el sufrimiento de su propio pueblo.