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Estafa con “aceite” en La Cuevita refleja la desesperación de la crisis cubana

Por La Otra Cuba

Publicado el 14 de noviembre, 2025

Un ciudadano denunció que le vendieron agua teñida como si fuera aceite y sufrió una estafa, símbolo del deterioro social y económico que vive la isla.

Un ciudadano denunció que le vendieron agua teñida como si fuera aceite y sufrió una estafa, símbolo del deterioro social y económico que vive la isla.

La crisis en Cuba ha alcanzado niveles donde el hambre y la necesidad se convierten en terreno fértil para los abusos más crueles. Lo ocurrido en La Cuevita, uno de los mercados más populares de La Habana, es prueba de hasta dónde puede llegar la desesperación.

Alexander Ríos Cruz denunció que compró cuatro pomos de supuesto “aceite” a 3.500 pesos el galón, un precio elevado pero aún “accesible” en medio de la escasez. Al llegar a su casa y abrir los envases, descubrió la estafa: no era aceite, sino agua teñida con colorante. “Es triste, uno compra con sacrificio y lo que te venden es agua…”, lamentó visiblemente indignado.

Los envases parecían legítimos: sellados, con pegamento en la rosca y una presentación convincente. Todo apunta a una operación organizada, no a un fraude improvisado. Vecinos aseguran que dos hombres llevan días ofreciendo el producto en la zona a precios “más bajos”, aprovechando la necesidad de quienes buscan sobrevivir.

La indignación es generalizada. “Antes la gente se ayudaba; ahora nos estamos robando entre nosotros”, comentó un comprador habitual, reflejando el sentimiento de frustración y desconfianza que se extiende entre los cubanos.

Mientras tanto, las autoridades guardan silencio. No hay notas oficiales ni advertencias públicas. La población se entera por redes sociales y el boca a boca, como si la seguridad del consumidor fuera un asunto secundario.

El episodio resume la herida más profunda de la crisis actual: la dictadura ha llevado al país a un escenario tan extremo que algunos recurren al engaño como forma de subsistencia. La solidaridad se erosiona, la confianza se quiebra y la gente queda expuesta a ser estafada incluso al intentar comprar lo más básico para cocinar.

En medio de la escasez, el fraude se convierte en negocio, y el pueblo sigue pagando los platos rotos de un país donde todo falla… menos la miseria.