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Régimen cubano admite epidemia de arbovirosis en medio de crisis sanitaria y económica

Por La Otra Cuba

Publicado el 13 de noviembre, 2025

El régimen cubano reconoce el avance del dengue, chikungunya y oropouche en casi todo el país, mientras expertos alertan sobre cifras subestimadas.

El régimen cubano reconoce el avance del dengue, chikungunya y oropouche en casi todo el país, mientras expertos alertan sobre cifras subestimadas.

El régimen cubano ha reconocido oficialmente que el país atraviesa una “epidemia” provocada por el aumento de casos de dengue, chikunguña y oropouche, enfermedades transmitidas por mosquitos que se han expandido por casi todo el territorio nacional. El mandatario Miguel Díaz-Canel instó a enfrentar la situación “como se hizo con la COVID-19”, en un contexto marcado por el deterioro del sistema de salud y una aguda crisis económica.

Este reconocimiento representa un giro en el discurso oficial, que hasta ahora se limitaba a describir los síntomas como un “síndrome febril inespecífico”, sin admitir la magnitud del brote. Según cifras publicadas por el diario Granma, se han registrado más de 21.600 casos de chikunguña en 14 de las 15 provincias del país, con focos importantes en Matanzas, La Habana, Artemisa, Cienfuegos, Villa Clara y Camagüey.

En cuanto al dengue y el oropouche, las autoridades no han actualizado los datos recientemente. Los últimos reportes, de hace tres semanas, hablaban de 2.360 casos de dengue —principalmente de la variante más peligrosa— y tres muertes confirmadas. Sobre el oropouche, el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) informó que en las dos últimas semanas no se han detectado nuevos casos ni sospechosos.

El repunte de estas enfermedades coincide con una crisis estructural que afecta gravemente los servicios públicos. La falta de electricidad, combustible para fumigaciones, el colapso de los sistemas de agua y saneamiento, y la acumulación de basura en las calles han creado condiciones propicias para la proliferación de mosquitos. A esto se suma la escasez de medicamentos, el colapso hospitalario y la desconfianza de la población hacia el sistema de salud, lo que lleva a que muchos enfermos no acudan a los centros médicos ni sean contabilizados oficialmente.

Especialistas advierten que los contagios podrían ser mucho más numerosos de lo que reconocen las autoridades, ya que en muchos hospitales no se cuenta con pruebas diagnósticas para confirmar los casos.

Ante la gravedad del escenario, Díaz-Canel anunció que se realizarán reuniones semanales con expertos del MINSAP y centros de investigación científica para monitorear la evolución de la epidemia y coordinar acciones de control. Sin embargo, varios médicos dentro de la isla han expresado dudas sobre la efectividad de estas medidas, señalando que sin recursos ni combustible es imposible aplicar una respuesta adecuada.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha señalado que el aumento de arbovirosis en Cuba forma parte de un repunte regional, aunque el caso cubano resulta especialmente preocupante por el deterioro de su infraestructura sanitaria. En los últimos diez años, la isla ha superado los 3.000 casos de dengue en al menos dos ocasiones, pero nunca había enfrentado tres brotes simultáneos.

La situación ha llevado a que países como España y Estados Unidos actualicen sus alertas de viaje. Madrid advierte sobre una “grave situación epidemiológica”, mientras que Washington emitió un aviso de salud pública para quienes planeen visitar la isla.

En medio de la falta de información oficial sobre el número real de afectados y sin datos sobre los fallecimientos, los cubanos enfrentan esta nueva emergencia sanitaria con la misma herramienta que durante la pandemia: la resistencia cotidiana frente a un Estado que promete soluciones, pero ofrece cada vez menos respuestas.